y once golpes más...

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por francisco miranda

1.- Los cambio de libros y revistas.

Una práctica común en nuestros barrios eran los cambios de revista. Cualquier día de la semana uno llegaba con sus revistas viejas y las dejaba sobre un mesón y el librero las separaba y las ordenaba según el estado en que se encontraban. Sacaba de atrás del mostrador montones de revistas de donde podíamos elegir las que llevaríamos. Por unas pocas monedas dejabas las que traías y te llevabas las que querías leer. Revistas Mampato, Barrabases, Cabrochico, SOS, U2, Trinchera, Superman, Batman, Flash, Linterna Verde y Máscara Roja, El Fantasma y Átom. Los cambio de revista eran como los actuales video-clubes en donde se fomentaba la lectura. Compra, venta y cambio de revistas y fotonovelas. Novelas de vaqueros y novelas de romances. Así se fomentaba la lectura en nuestros barrios. Después vino el golpe, la dictadura y la televisión: chao lectura.

2.- Editorial Quimantú

En política cultural, en el tiempo de la Unidad Popular, se creó la editorial Quimantú, comprando parte de las instalaciones de Editorial Zig-Zag, logrando las colecciones de “Quimantú para Todos”, “Nosotros los Chilenos” y los “Cuadernos de Educación Popular”. Antes de 1970 los tirajes no sobrepasaban los tres mil ejemplares de cada edición, Quimantú tuvo tirajes de cincuenta mil ejemplares y en 1972 se publicaban mensualmente más de quinientos mil ejemplares. Ni siquiera se utilizaban las librerías porque no tenían la capacidad de ofrecer toda esa cantidad y se recurrió a los puestos de periódicos, los quioscos, para hacer llegar los libros a los chilenos. Después vino el golpe, la dictadura y la televisión: chao lectura. Hoy día una edición normal de un libro en Chile bordea los quinientos o mil ejemplares.

3.- El Tren de la Cultura

El Departamento de la Cultura de la Presidencia, dirigida por Waldo Atías, organizó en el verano de 1971 “El Tren de la Cultura”. Fue una caravana compuesta por artistas, poetas y folkloristas que recorrió más de 1500 kms. del país presentando sus creaciones a numerosos poblados que no tenían acceso a estas formas de expresión.  La idea era incorporar a la masa haciéndola partícipe del proceso revolucionario incipiente. La mejor herramienta para esto era, nuevamente, la música. En la gira, el peso lo llevaron conjuntos como Quilapayún, Inti Illimani, los hermanos Isabel y Angel Parra, y varios más.

4.- Los Saltamontes

Asimismo, la Consejería Nacional de Desarrollo Social a través de su Departamento de Comunicaciones, disponía de una serie de instructores que se dirigían a las poblaciones del país para enseñar a los trabajadores a conquistar sus propios instrumentos culturales y sociales para hacer frente a los poderosos medios de influencia masiva burguesa. El equipo  tenía el nombre oficial de Grupo Motivador de Comunicaciones en Terreno (GMCT), y sus integrantes fueron conocidos vulgarmente como “Los Saltamontes”.

En el ámbito rural, mediante un convenio suscrito entre el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y la Confederación Ranquil, en julio de 1971, se formaron una serie de centros culturales campesinos en todas las zonas agrarias del país. En este convenio se establecía la realización de cursos para encargados generales de cultura y monitores en las diversas ramas artísticas: teatro, folklore, títeres, artesanía, pintura mural y periodismo popular.

5.- Discoteca del Cantar Popular

La Discoteca del Cantar Popular, Dicap, fue una experiencia única en la historia musical chilena. Creada por las Juventudes Comunistas en 1967 para editar el disco X Vietnam, de Quilapayún, terminó convertida en el principal soporte discográfico de la Nueva Canción Chilena. Con una vocación más militante que comercial, Dicap completó un registro de casi setenta títulos hasta su clausura impuesta por la dictadura de Pinochet en 1973. Gran cantidad de sus masters fue destruida por los militares, aunque parte de las grabaciones de sus artistas, en su mayoría desterrados por razones políticas, fue reeditada a contar de 1977 por el sello Alerce, que cumplió tal tarea frente a la censura oficial contra esa música.

6.- La Nueva Canción Chilena

Sin que hubiera necesaria conexión entre las experiencias de cada país, la canción de contenido social desarrollada en América y parte de Europa durante los años 60 tuvo sorprendentes rasgos de similitud, partiendo por el modo más o menos simultáneo con que se fue manifestando en los diferentes puntos del globo.

Recogiendo esa mezcla de fervor ideológico, raíz folclórica y reacción ante el imperialismo cultural, comenzó a gestarse en Chile alrededor de 1967 un nuevo modo de composición e interpretación popular que un par de años más tarde el discjockey y comunicador Ricardo García bautizaría como Nueva Canción Chilena.

Muchos de los grandes nombres del género (Víctor Jara, Patricio Manns, Rolando Alarcón) compartían habilidades en más de una disciplina, y todos se interesaban activamente en la poesía y el teatro; nutriendo también a su trabajo de esa inquietud.

En relación con el compromiso social, los ejemplos más emblemáticos se encontrarán siempre en Quilapayún, el grupo que grabó los dos más importantes himnos de la Unidad Popular: "Venceremos" y "El pueblo unido", de Sergio Ortega. Otra buena muestra del compromiso político es "Canto al programa" (1970), la cantata de Luis Advis y Sergio Ortega registrada por Inti Illimani en apoyo al plan de gobierno de Salvador Allende.

La fusión es clave en la comprensión de este fenómeno. Y no sólo por la deuda de la Nueva Canción con la raíz folclórica, sino también por cómo sentó importantes bases para lo que luego se desarrollaría bajo el paraguas del rock. El puente más evidente es el que tendió el grupo Los Blops, el menos ortodoxo de los conjuntos que llegó a fichar la etiqueta DICAP, bajo la cual apareció su LP debut ("Blops", 1970). Pero su asociación más recordada se encuentra en el disco "El derecho de vivir en paz" (1971) de Víctor Jara, donde se incluyen dos temas ("El derecho de vivir en paz" y "Abre la ventana") que permiten escuchar la característica voz de Jara junto a una guitarra eléctrica, lo cual provocó no poco escozor entre los más decididos enemigos del imperio.

7.- La Peña de los Parra

La Nueva Canción Chilena no encontró automática acogida en los espacios tradicionales de muestra de música popular. Sus discos no fueron materia de rankings de ventas y su cobertura en la prensa de espectáculos de la época fue insuficiente y sesgada.

En parte por ello es que sus cultores debieron buscar sus propios canales de financiamiento y difusión. Quizás el papel más importante lo jugaron las llamadas peñas, locales nocturnos a los que se iba a escuchar música en vivo de modo relajado, disfrutando de empanadas y vino tinto, y sin exigencias por contar con la sofisticación de una sala de conciertos. De entre todas ellas, sin duda que la Peña de los Parra fue el centro neurálgico de la actividad en vivo de la época: no hubo nombre de la Nueva Canción que no se presentara en la mítica casona de Carmen 340, que además albergaba talleres de pintura y artesanía, llegó a tener su propio sello grabador homónimo y se mantiene hasta hoy como centro cultural.

Inagurado en 1965 por Angel e Isabel Parra, el recinto tenía la intención de reproducir parte de la creativa bohemia que el par de hermanos había atestiguado trabajando junto a su madre en locales europeos. Nombres familiares del lugar eran Patricio Manns, Rolando Alarcón y Víctor Jara. Luego llegarían Payo Grondona, Tito Fernández, Osvaldo "Gitano" Rodríguez, Homero Caro y Quilapayún.

8.- Las Juntas de Abastecimiento y Precios

El 3 de Febrero del 72, se crean oficialmente las Juntas de Abastecimiento y Precios, JAP, destinadas a movilizar al público contra el acaparamiento, el mercado negro y las alzas en los artículos de primera necesidad.

La crisis del gobierno popular comenzó a precipitarse a partir del paro declarado por los comerciantes minoristas, con el pretexto del alza de los precios y el desabastecimiento de algunos artículos de primera necesidad. Se inició el 21 de agosto de 1972 y comprometió a más de 125 mil establecimientos en el país.

La presencia de las mujeres impregna la experiencia que trabajadores y pobladoras hacen en la participaron de las JAP. Las mujeres organizaron de hecho las JAP, encargándose de la distribución y venta directa de muchos productos de consumo popular con el fin de contrarrestar el boicot de la alta burguesía y de las grandes distribuidoras comerciales. Las JAP nacen como una respuesta a los problemas de desabastecimiento y la inflación, y en ellas participaban las organizaciones como los centros de madre y de vecinos. A principios de 1973 ya existían más de dos mil JAP en todo el país.

9.- La tarjeta de racionamiento

La tarjeta de racionamiento fue un instrumento creado para hacer más equitativa la consecución de los productos que escaseaban, considerando la cantidad de personas que vivía en cada casa; la tarjeta de racionamiento fue asignada a cada familia, la que podía comprar alimentos como azúcar, arroz, aceite, harina, caraotas, etc. de acuerdo a lo que la JAP le asigna mensualmente al núcleo familiar. Después vino el golpe, la dictadura… Ahora tenemos tarjetas de racionamiento según lo que ganas no importando cuántas personas viven de un sueldo.

10.- El Edificio de la Unctad III

El gobierno de Salvador Allende, la Unidad Popular y la "vía chilena al socialismo" dieron el contexto internacional adecuado para que la Organización de Naciones Unidas (ONU) ofreciera en 1971 al gobierno chileno la realización de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III).

El Presidente Allende se comprometió a inaugurar la reunión en Santiago en abril de 1972. De esta forma, un equipo interdisciplinario de arquitectos, ingenieros, artistas y trabajadores, llevó a cabo el proyecto en el plazo record de 275 días. El tiempo normal de ejecución de otras de tal envergadura en la época era de tres años.

UNCTAD III se concibió como un proceso de construcción colectiva, en el cual todos lo agentes, fueran arquitectos, ingenieros, diseñadores o trabajadores, se consideraron técnicos. De este modo se involucraron también artistas y artesanos, los cuales fueron convidados a participar con un arte incorporado estructuralmente al proyecto arquitectónico.

No fue trabajo voluntario. Ahí nadie trabajó como voluntario, todo fue pagado y el Presidente Allende valoró mucho el esfuerzo de los trabajadores. La atención fue buena y se pagó lo justo, porque detrás de las obras había empresas constructoras que fueron contratadas por el Estado y todo se hizo de acuerdo a un presupuesto. Nadie hizo el trabajo gratis. Fue muy importante la conciencia de clase que hubo en esa época, es decir que cada uno trabajaba de acuerdo a su capacidad, de acuerdo a su conciencia, sin sacar la vuelta. Se hacía todo para terminar en el plazo, incluso las personas se quedaban un par de horas más si era necesario. La obra se organizó por turnos. Cuando salimos de la obra gruesa tuvimos que empezar a hacer toda la obra de cerrajería. Ahí empezamos a trabajar día y noche. Con turnos, porque trabajó mucha gente. Así se completó la obra.

Cuando la obra se terminó se hizo un tijeral muy bonito. Allende dijo "aquí vamos a hacer una cosa bien hecha, yo voy a poner el vino. Vamos a tomar poco pero bueno". Los trabajadores pusieron la carne. Y fue exquisito, un tijeral en plena Alameda y el Presidente participó con todos los trabajadores, que eran cerca de trescientos viejos de la construcción.

11.- Las manillas de las puertas de la UNTAC III

Para las manillas de las puertas del edificio UNTAC III se forjaron en metal unos puños, que fueron puestos en posición hacia arriba, simbolizando los puños de los brazos alzados de los obreros. Durante la dictadura militar, el edificio fue ocupado por las fuerzas armadas para albergar los "trabajos legislativos" de la Junta Militar y los manillas fueron invertidas, ahora simbolizando los brazos y los puños caídos de los obreros derrotados. Después de veinte años de Concertación, los puños siguen en posición hacia abajo: los obreros derrotados.

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Comentarios

Excelente Francisco Miranda, Cultura es memoria y sobre todo memoria popular. Casi nadie ya recuerda que antes de la torura, del asesinato a mansalva hubo verdadera libertad donde los jóvenes optabamos entre una carrera universitaria o un trabajo social (no la crrera profesional) y tu vida igual crecía.

Un Saltamontes.

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