Víctor Jara y el rock

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Joan Jara y el libro “Víctor, un canto inconcluso”

francisco miranda

Visitamos la Fundación Víctor Jara, frente a la  plaza Brasil, para entrevistar a Joan Jara, en mayo de 2008, y conversar con ella a propósito de la publicación de su libro Víctor, un canto inconcluso, primera edición en Chile por LOM Ediciones.

–Hay un momento en el que Víctor Jara presenta la obra La remolienda, en Nueva York y en California. Ahí vive la extraña e interesante aventura de tratar de comunicarse a través de su música con un público formado por hippies norteamericanos. ¿Qué visión tenía él de ese movimiento?

–Víctor, realmente, sin que fuera una persona muy prejuiciosa, sentía que dentro de esa sociedad, donde había tantas cosas que cambiar, la opción de ser hippie, incluso, le daba la idea de que era una cosa manipulada desde fuera del movimiento para un poquito anular a la juventud. Esa fue la sensación que le dio y él lo comparaba mucho con la gran mayoría de la juventud chilena en ese momento, que estaba activa tratando de cambiar la sociedad; entonces, era una opción pasiva, de escapar del mundo. Y decía: “Bueno, esto podría haber sido organizado por la CIA así porque le conviene”. Esa era la actitud de Víctor en relación a esa experiencia.

–En otro momento van a Londres. Víctor tenía el deseo de conocer la tierra de Los Beatles. Hay un mito que yo he escuchado por ahí, que él estuvo interesado en escucharlos en vivo, ¿hay algo de eso?

–No hay un mito, esa es la verdad. A él le encantaban Los Beatles, sobre todo la primera época, por supuesto; pero él era hijo de una familia humilde y relacionaba su música con su propia experiencia y además le gustaba la música, eso sin duda.

Víctor y el espíritu del rock

–Víctor hace una adaptación de Vietrock, una obra que provenía del “movimiento contracultural”. Él era parte de la cultura obrera revolucionaria popular latinoamericana. Toma esta obra y hace una adaptación muy radical de ella. ¿Cómo fue la experiencia de esa obra en la que usted también participa?

–Era un ejemplo nuevo en los Estados Unidos, se trata de una creación colectiva. Obviamente, tenía un punto de vista de pueblo compenetrado en relación a la guerra de Vietnam que es una visión crítica y que al mismo tiempo era ver un poco a los americanos, los soldados, un poquito como víctimas. Entonces, Víctor y el grupo de actores del ITUCH (Instituto De Teatro de la Universidad de Chile), cuando estaba trabajando, encontraban que ésa no podía ser la visión de ellos, y entre todos, Víctor obviamente conduciendo todo eso, se dio un poquito vuelta; entonces el Vietrock que se produjo era desde el punto de vista de los vietnamitas. Esa era su posición en ese caso y había soldados norteamericanos muy sádicos, era en esa onda.

–¿Y musicalmente, la obra rescata la expresión del rock o hay una expresión musical más folclórica?

–No, ninguna de las dos cosas. El rock estaba como en el movimiento de la producción de algunas cosas, tremendamente movido; yo creo que ahí viene la visión que se asocia con la palabra rock, en lo que significa en la música, pero eso sí no se usaba mucho decir que es música pop. Y había música oriental, también. Recuerdo una coreografía que yo tenía que hacer con música de tipo oriental. Pero no me acuerdo ahora de dónde la sacó el Víctor. Sí de la acción (y en las coreografías, no mías, sino de Víctor), porque en el fondo Víctor era un gran coreógrafo, y se movía en la acción en toda la sala, y eso digamos es el espíritu rock, yo creo que es el espíritu rock que se produjo ahí.

–A propósito del espíritu del rock, Víctor trabaja con el grupo Los Blops y graba algunas canciones del disco El derecho de vivir en paz. ¿Qué nos puede decir de ese encuentro?

–Es que Víctor tenía una visión muy amplia de lo que era el arte, la comunicación, diría yo, ya sea en el teatro o en la música; era bien aventurero, además de creativo… No recuerdo cómo surgió, si era una iniciativa de Los Blops o una iniciativa de él… Pero debió de ser en una de estas andanzas así, musicales, en donde se ha hecho de amigos, como con Juan Pablo Orrego. ¿Por qué no hacemos algo juntos? Claro, sí, con Gatti. Y fue un experimento que se hizo ahí, porque a Víctor lo que le importaba era la comunicación, y le interesaba esta idea de poner texto con sentido. Y yo creo que había pensado seguir en esa onda.

–¿Usted cree que esa línea de búsqueda de amplitud la habría seguido explorando más intensamente?

–Bueno, el hecho es que después de eso empieza a trabajar con un músico cuya especialidad era entre el jazz y la música culta, entonces por eso digo que era aventurero, tratando de encontrar… Era muy creativo. Con Mariano Casanova trabajó en una obra que iba a ser una especie de geografía, pero Casanova en ese momento estaba trabajando más con… o sea la grabación está hecha con instrumentos como de orquesta sinfónica.

Pasión por el trabajo e intuición de la muerte

Víctor Jara, a propósito de una discusión familiar, dice, medio en broma medio en serio: “Aprovéchenme, porque voy a tener poco tiempo con ustedes”. Por otro lado, en otra entrevista él se describe: “Por sobre todo soy un hombre feliz de existir en este momento, feliz de sentir la fatiga del trabajo, feliz porque cuando uno pone el corazón, la razón y la voluntad de trabajo al servicio del pueblo, siente la alegría del que empieza a nacer de nuevo”.

–¿Cómo entender esa pasión por la entrega al trabajo y esa visión del fin tan próximo, esa contradicción?

–Parece que ese comentario a la hora del desayuno, uno piensa que, bueno, fue un poquito fuera del tiesto. Pero él había recibido muchas amenazas, por teléfono o en la calle. O sea, él sabía más que nosotras en ese sentido, porque no contaba todo eso… Y él, por el otro lado, realmente, siempre se refería a sí mismo como trabajador del arte, porque él siempre decía que hay que subir al pueblo, no descender a ellos. No tenía una actitud paternalista tampoco, al contrario, y realmente los últimos años de su vida se entregó por entero a lo que él consideraba esta tremenda “chance” de cambiar la sociedad sin violencia, sin una guerra civil, sin armas, y quizás su quehacer, su acción era hacia eso y se desesperaba de tal modo con los movimientos más violentistas, que eran más allá de la Unidad Popular. Sentía que estaban jugando en manos del enemigo, esa era su posición. Pero realmente los últimos años de su vida él tenía, si no la certidumbre, la gran intuición de que si hubiera un golpe militar lo iban a matar… él sentía la muerte muy cerca.

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