Balada de la Cárcel de Alta Seguridad

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por francisco miranda

Reseña del libro "Balada de la Cárcel de Alta Seguridad". Autor: colectivo de encarcelados políticos en huelga de hambre por conseguir su libertad en esta (eterna) transición a la democracia: Claudio Melgarejo, Julio Peña, Hardy Peña, René Salfate, Pablo Vargas (y Fedor Sánchez).

La “Balada…” es un poemario estructurado en dieciséis partes, cada una de las cuales recoge o expone versos de, si no todos, algunos de los autores, que han decidido mantener el anonimato de la autoría particular. 

Ese anonimato [o clandestinidad: “Muchos de estos versos son clandestinos, / escritos por la musa de los ojos abiertos / que se pasa la noche entera / como un coágulo junto a la almohada”, III. La bella jardinera, pág. 36] es una de las realidades significativas del libro que destaca maravillosamente. Existe un acto voluntario de ser anónimos poetas; una especie de humildad frente al oficio de escribir, con algo de pudor (o vergüenza) por ser considerados “poetas” y no luchadores sociales [“Aunque definitivamente / yo no soy un poeta en el centro de la flor”, La bella jardinera, pág. 37]; pero también con el énfasis en el trabajo clandestino, como reivindicación de una práctica subversiva, legítima y negada por el (cobarde) discurso oficial. En concreto, son los (cinco) diversos puntos de mira en referencia a las mismas realidades cotidianas que deben vivir (enfrentar, sufrir, aguantar) los encarcelados políticos de los concertados en administrar los “bienes” heredados de la dictadura militar de la propiedad privada de los ricos, privada para los pobres.

Las claves expresivas (para una posible lectura), desde la posición de este comentario, están en dos partes: 5.- Voces contra el muro y 14.- El latido y la respiración (apuntes de huelga de hambre). 

Por una parte, da la impresión, que los poemas surgen en el lapso que transcurre entre dos (extensas) huelgas de hambre llevadas a cabo por los autores para conseguir sus libertades. La primera ocurre en 2004 y duró más de setenta (70) días, la otra (esperamos que la definitiva que permita conseguir sus libertades) ocurre ahora (junio, 2005) y lleva ya más de treinta y cinco (35) días, con todos los daños (físicos) irreparables que esa conducta implica para quienes la llevan adelante. Esa forma de lucha expone a la persona a un encuentro consigo misma, a su propio “latido” y “respiración”, a los aspectos básicos y primordiales de la vida humana. Desde esa solidaridad surgida en las condiciones precarias, de estar cerca de la muerte, encarcelados contra la voluntad, surge un pacto secreto que deviene en una nueva decisión: emerger juntos como un solo coro de combatientes, como una banda (en actitud) de poetas contra el muro; surgen entonces estos cantos (baladas) desde el interior (de cada uno) en el interior (de la cárcel) contra el muro.

 La imagen potente es ver a estos seis encarcelados políticos en huelga de hambre en silencio de pie, dignos, cantando desde su interior para derribar los muros de la cárcel política [“La superestructura de esta estructura no es la presitud, sino el canto libertario de nuevos rumbos a seguir…”, I Encarcelado, pág. 35].

La “Balada…” entonces es un canto de dignidad para expresar vidas: “el amor”, “los hijos”, “la visión de futuro”, “libertad”, entre “portones y cerrojos”, “celdas”, “patio”, “visitas”, “vigilar y castigar”, “silencio”, “el lado oscuro”.

“Queremos ser libres, / como deben ser las mujeres y hombres como nosotros. / No vinimos acá por propia voluntad, / aunque sabíamos de tal posibilidad”, Compañeros, pág. 35.

La reivindicación de la palabra desde la cárcel surge como un intento doble: lograr la libertad real del encarcelado y lograr la libertad de la palabra prisionera de la poesía académica, del sermón dogmático, de la farándula periodística, de la literatura “editada” por los poderosos que oprimen, también, con sus discursos que ofrecen mucho, antes de los votos, y no cumplen su palabra empeñada. Esa palabra (“pornográfica”) usada para engañar, mentir, oprimir, también puede ser libre.

La poseía política, combatiente, libertaria, panfletaria tiene un sitio en nuestros corazones y un sentido en nuestras mentes: es el grito en el muro, el rayado en la pared, la consigna gritada al viento, el lienzo que encabeza la marcha… la larga marcha por la libertad de los encarcelados políticos, ahora… de los hombres y mujeres de esta tierra… y de los pobres de nuestro roto país… en seguida.

“Balada de la cárcel de alta seguridad” es una invitación, una convocatoria, a sumar nuestras voces al canto de la balada contra el muro de la cárcel de alta seguridad, la voz del pueblo y la palabra verdadera contra todas las cárceles y contra el principio de la alta seguridad, la tolerancia cero, que los ricos y poderoso nos imponen.

La balada es una composición poética hecha para ser cantada al son de la música de los bailes. El libro es la invitación para liberar los cuerpos, debilitados, de la cárcel rejas adentro y de los presos sociales, del otro lado de las rejas afuera.

Dos: palabras y hechos: discursos o acción directa

Se contraponen, normalmente, al fragor de nuestra lucha social, acá y ahora, dos aspectos de la vida humana: palabras y hechos. Para algunos, en nuestros intentos por cambiar la realidad, sólo se trata de realizar estudios, leer, escribir, hablar, en definitiva de hacer discursos (explosivos, radicales, revolucionarios, pero discursos). Para otros, sólo se trata de ponernos de acuerdo en qué vamos hacer, en movilizarnos, en luchar, en dar la pelea, la acción directa, vamos a la calle (explosiva, radical, revolucionaria).

Y aquí estamos y aquí somos.

Olvidamos que la creación del lenguaje es producto de la acción humana inteligente. Se crea la palabra para representarnos y entender nuestra realidad y nuestra práctica. Con nuestras palabras conversan nuestro interno con nuestro entorno, mientras hacemos camino y experiencias. Dialogamos entre nosotros para con nuestra práctica modificar y hacer más humana nuestra realidad, nuestra vida.

De tanto abusar de las palabras, el discurso deviene en pornográfico. Pierde su encanto, para convertirse en un vulgar vómito de palabras vacías. Así, de tanto discurso pornográfico oficial, en política, en economía, en periodismo, en religión, terminamos aborreciendo las palabras. Del mismo modo, de tanto abusar de las acciones, la práctica se hace ineficaz, ineficiente, improductiva, inútil.

Y aquí estamos y aquí somos…

La “Balada…” es un (nuevo) intento por re–poner  la palabra junto a los actos en un sitial de compañía mutua, dual, para evitar nuestra cojera o nuestra minusvalía. Pero por sobre todo para “caminar” el camino y “conversar” el trayecto de nuestro avanzar libertario.

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