83 en el Peda

Hombre_mirando_al_sudeste.jpg

(a Eduardo Vergara Toledo)

cuento, por Francisco Miranda

Cuando lo escuché por primera vez, era como enterarme de adonde había caído. Era mi segundo año en el Peda. Estudiaba Historia. Éramos compañeros de curso con el Pelao. Ese día, el casino estaba tranquilo nervioso, la calma previa a la tempestad. Nadie se imaginaba siquiera la mansa escoba que iba a quedar. Ya el año pasado, los gurkas de azul le habían sacado la cresta a los estudiantes insurrectos. Estábamos todos tensos… algo iba a pasar… La cola para retirar el almuerzo estaba estancada y era bastante larga… las mesas estaban todas ocupadas… algo iba a pasar… se presentía. Los guardias de azul se comenzaron a pasear inquietos por los alrededores del casino y miraban hacia adentro por los grandes ventanales. Adentro, los sapos se hacían los giles sin mucha dificultad. Todos los conocíamos, pero ellos eran así, sapos y se hacían los giles… no les costaba mucho. Ya me habían hablado de los cuchareos… “solo se escucha el primer golpe y después se desata el gran escándalo”… nadie sabe explicar cómo… era puro magnetismo (o rabia comprimida).

No recuerdo muy bien como fue. Lo cierto es que tres hechos se sucedieron uno tras otro, casi al mismo tiempo: dos comadres cerraron las mamparas de las entradas, dos compadres se pararon a pegar un diario mural y el Pelao se subió a una mesa a decir un discurso. Al principio, factor sorpresa de por medio, todo iba tranquilo… los sapos no sabían a quién agarrar primero. (El Pelao decía que la libertad de cátedra… que la excelencia académica… que la falta de becas… que la dictadura militar… que la represión… que la miseria… que ya estaba bueno de aguantar tanto… y que era el momento de decir basta. Así de sencillito, de la denuncia a lo reivindicativo y lo político de un tirón). Los sapos se tiraron a pescar a los compadres del diario mural; los guardias de azul trataban de abrir las puertas para entrar, y el Pelao seguía hablándonos, con calma y seguridad, con esa valentía de los que dicen las cosas por su nombre en tiempos de dictadura. No hubo aplausos. Quedó la escoba… el cuchareo se hizo poco, las bandejas salieron disparadas, la rechifla contra los sapos ensordecía… De pronto, nos vimos tirando mesas y sillas a las entradas para evitar que pasaran los gurkas, mientras otro grupo rescataba a los compadres del diario mural. (El Pelao decía que en las poblaciones la gente se moría de hambre, que la gallada pa decidirse necesita que los jóvenes se pongan con la patá y el combo, para dar el ejemplo y señalar camino…). Después, rompimos los ventanales y salimos a los patios a gritar… los guardias y los sapos se agruparon en las oficinas de seguridad debajo del departamento de Francés.

El Pelao dijo que debíamos prepararnos porque iban a salir con tutti a reprimir y comenzamos a sacar los listones de los escaños y nos agrupamos en los patios centrales del Peda. Quedó la escoba otra vez; cualquier cantidad de compañeros heridos y los gurkas volvían a reagruparse, hasta que salieron los profes, algunos, y se interpusieron. A esas alturas, organizamos una marcha al interior del Peda, exigiendo la expulsión de los aparatos de vigilancia, seguridad y repre… Llegamos donde el rector delegado y le exigimos la renuncia, llamábamos a los profes y a los funcionarios a plegarse al descontento. Se nos hizo chico el Peda… Tuvimos que salir a la calle, derribamos unas rejas, las cruzamos en avenida Grecia y esperamos a los pacos con sus carros lanza agua, sus bombas lacrimógenas y sus balas de matar. Rayamos todas las paredes blancas a nuestro paso, y el Pelao decía que formáramos brigadas de autodefensa… Mientras peleábamos con los pacos afuera y con los guardias adentro, un grupo se tomó la rectoría, entró a las oficinas del rector y en un papel de cuaderno lo obligaron a firmar la renuncia indeclinable… Establecimos un autogobierno a falta de otra autoridad legítima. El servicio médico fue ocupado para dar atención a los heridos que iban resultando de la refriega. En cierto momento, los guardias de adentro pretenden cerrar las rejas para dejarnos afuera a merced de los pacos que habían sido reforzados. Una breve discusión con ellos terminó con un puñete del Pelao al jefe de los guardias, saltó la gorra, el Pelao lo acusa de ser un torturador de la CNI; el guardia se quedó callado y luego dijo que no, pero parece que sí. Entre repliegues y ofensivas, eran muchas las bajas y pocos los logros, así que avisamos a los reporteros y corresponsales extranjeros que íbamos a dar una conferencia de prensa para denunciar los atropellos y las injusticias del plantel y del país.

Mientras se daba la conferencia de prensa, supimos que por otro lado del Peda había ingresado un piquete de pacos y se llevaron detenidos como doce estudiantes y a otros tantos los molieron a palos… el gas lacrimógeno hacía insoportable el ambiente… a los más afectados les daban a inhalar amoniaco y quedaban como tuna para seguir peleando. La cosa es que en una asamblea resolvimos ir a pelear otra vez a Grecia. Nos apertrechamos de piedras, avanzamos hasta llegar a la calle, levantamos de nuevo las barricadas, encendimos fuego, peñasqueamos a los pacos, pateamos las lacrimógenas, cerramos las rejas que quedaban con candados y nos tomamos el Peda. Decidimos pasar la noche en rectoría.

Apenas amaneció, sentimos el megáfono: “Depongan su actitud, están todos detenidos”… rayamos, de picados, todas las paredes, dejando testimonio de tanto descontento. Los treinta buses verdes quedaron llenos de estudiantes detenidos… nadie dijo nada. Desalojaron todo el recinto, no quedó nadie adentro. Nosotros pasamos como cinco días presos… hasta que fuimos saliendo de a pocos.

El lunes llegué a clases haciéndome el leso; pero ya se sabían los resultados del sumario interno. Estaban expulsados de por vida todos los dirigentes, el Pelao entre ellos; todo aquel que tuviera alguna beca, debía despedirse de tal beneficio; las sanciones menores eran matrículas condicionales para el próximo año. Yo y otros más fuimos suspendidos por cinco años. Nadie dijo nada. Yo no volví más. Así pasó, más o menos, el 83 en el Peda. Fue como tocar el techo de un salto y luego caer al suelo…

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Comentarios

vale por la historia.... estaba entretenida....

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Para los que estuvimos, ese día del año 1983, en el Peda,   la lectura de este relato es un fascinante trozo de realidad caliente y palpitante, la palabra justa y en lineas breves. 

 Me encanto ....

y el texto apela ...a los versos de Pezoa Véliz, poeta del pueblo ....

"Una paletada le echó el panteonero;

luego lió un cigarro; se caló el sombrero

y emprendió la vuelta…

Tras la paletada, nadie  dijo nada, nadie dijo nada un relato  evocador, "

Lea


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Excelente fotografía a partir de la memoria.

Saludos

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pocos años despues ingrese a estudiar alli

lo confieso. No tenia idea de todo lo qeu pude aprender, tanto en lo academco como en lo personal

Leer tales letras despierta recuerdos, pues desde el 86 la cosa fue similar. 

Gracias

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